EL ESCENARIO PERFECTO.

 El paro nacional está enmarcado en medio de una coyuntura paradójica para el país. El jueves salió la cifra de crecimiento económico para el tercer trimestre de este año: 3,3 por ciento, el valor más alto registrado en los últimos 15 trimestres.
En 2019, Colombia será una de las estrellas de la región en materia de crecimiento, por encima de 3,3 por ciento, como lo estima el FMI, cuando la zona apenas crecerá en promedio 0,2 por ciento. Sin embargo, el desempleo se mantiene en doble dígito –10,9 por ciento–, no cede y se ha convertido en uno de los principales dolores de cabeza del país y en el segundo más alto de la región. Además de la incertidumbre que generan las altas tasas de desempleo, la protesta llega en medio de la discusión de la reforma tributaria que volvió a presentar el Gobierno ante el Congreso, que no pasará en limpio e incluirá nuevas propuestas de los parlamentarios. También coincidirá con el inicio de la discusión del salario mínimo. La tensión es tal que la ministra Arango ha advertido que el Gobierno no está de acuerdo con bajar el salario mínimo, y que si le tocara hacer eso, preferiría renunciar.
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Pero la medición de fuerzas no solo dejará en claro la popularidad o impopularidad del Gobierno, sino que fijará el derrotero para el futuro cercano. Por una parte, en torno a las reformas mismas laboral y pensional y lo que pase con ellas. Si el ambiente sigue caldeado no solo en Colombia, sino en la región, difícilmente iniciativas en torno a estos temas tan sensibles van a prosperar. Más aún cuando el Gobierno tiene un margen de maniobra política muy limitado, y posibilidades cada vez más distantes de lograr respaldos en el Partido Liberal o Cambio Radical.
Hacer una reforma estructural, por ejemplo, del sistema pensional requeriría tocar temas delicados, como aumentar la edad de pensión, ante una mayor expectativa de vida de los colombianos, o subir el valor de las cotizaciones.

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